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Actividad 3
El autor de Genaro y el Charquito gris, escribió otro cuento llamado “Flor de aire”, a continuación se transcribe el cuento pero falta el final. Escribirlo y mandarlo a la dirección de BIANFA y se les enviará posteriormente el final que él escribió.
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Flor de aire
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Sabía el monito, sabía desde muy chico, que la selva es peligrosa, y que en ella se debe estar siempre despierto. Lo sabía pero ese segundo de fatalidad que lo distrajo lo puso de espaldas a un tronco y con las garras del león en la garganta. —Justo hoy, monito, justo hoy te venís a cruzar en mi camino. Justo hoy que tengo una mala onda de aquéllas –dijo el león–. Voy a tener que comerte monito, o al menos cortarte en pedacitos para olvidarme que perdí una flor hermosa que le llevaba de regalo a mi novia. El monito alcanzó a balbucear entre las garras, y con la garganta apretada, algo más o menos así: —¿Flores?, no hay problema. —¡Flores no! –dijo el león– una flor distinta como la que tenía, única, traída especialmente desde Borumbia por el flamenco cartero. —Yo te puedo hacer una flor distinta, única, tan distinta y única que lo único que necesito para crearla es aire –dijo el monito. —Yo a éste lo amaso, lo corto en pedacitos, lo piso, le hago un piquete de ojos, le hago cosquillas ¿qué más? —Péguele un chicle en el pelo, eso duele –susurró una hiena que ya se había acercado a la charla lo mismo que varios animales más.
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—Eso, además te pego un chicle en el pelo –dijo el león– si decís otra estupidez sólo para zafar de mis garras. —No estoy queriendo zafar, no sé, por ahí tengo un problema de dicción, o no me expreso bien o no utilizo las palabras adecuadas, pero repito, para darte una flor sólo necesito aire. —Bueno –concluyó el león–, esto lo quiero ver. Soltó al monito, más bien lo sentó en la raíz del árbol y dándose vuelta pegó un rugido escandaloso que todos retrocedieron unos metros. Y agregó. —¿¡No escucharon que necesita aire!? —¿Hay algún desmayado que pide aire? –dijo el yacaré, enfermero oficial de la selva. A lo cual el león contestó: —¡ Sí, vos! Y durmiéndolo de un sopapo, gritó: “¡Quiero ver esa floooooooooooor!” El silencio fue escandaloso, escandaloso no, el silencio fue silencioso, es decir con mucho silencio, es decir que nadie hablaba, que no volaba ni una mosca, bueno, ustedes me entienden, no? El monito se sacó despacito la mochila que llevaba en su espalda… |
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